- columna publicada en http://www.notasdeactualidad.com el 29/7/2021
La pandemia sorprendió al mundo. Nadie estaba preparado para asumir lo que ahora conocemos como “la nueva normalidad”. Y por supuesto, los abogados y todo el sistema judicial en Colombia, tuvimos que amoldarnos a las nuevas formas de afrontar el ejercicio de la profesión. Internet, correos electrónicos, teléfonos inteligentes y aplicaciones de mensajería instantánea, se suman a los códigos, leyes y decretos, como herramientas imprescindibles para ejercer la profesión ante los estrados judiciales o para asesorar a nuestros clientes.
El Gobierno nacional expidió el Decreto 806 de 2020, mediante el cual se adoptaron medidas para implementar las tecnologías de la información y las comunicaciones en las actuaciones judiciales, lo que se ha convertido en una especie de columna vertebral para el proceso judicial. Y durante la emergencia sanitaria, se han venido expidiendo una serie de normas, casi que improvisadas, con el propósito de regular la actividad judicial en nuestro país.
Muchas voces se han pronunciado a favor de la virtualidad judicial, así como también otras voces se han manifestado en contra. Pero lo cierto del caso es que es una realidad que debemos afrontar. Durante los meses críticos del aislamiento obligatorio, vi a muchos colegas apartarse de la profesión y dedicarse a otras actividades del comercio para poder subsistir. Algunos han retomado la profesión, luego de superar el impacto inicial y recomponer la forma de ver y ejercer el derecho. Es decir, debemos afrontar ésta nueva normalidad y prepararnos en el uso de las tecnologías de la información, para brindar a nuestros clientes una asesoría profesional integral.
Hoy es muy común ver consultas jurídicas a través de videollamadas o correos electrónicos. Inclusive, ya es normal recibir el pago de los honorarios profesionales mediante transferencias electrónicas.
Sin embargo, no podemos afirmar que todo está funcionando de manera óptima. Aún existen limitaciones, falta de recursos en muchos juzgados, funcionarios judiciales y abogados que se resisten al cambio, en fin, una serie de situaciones que de alguna manera afectan el funcionamiento del aparato judicial. Tarde o temprano, esos funcionarios y esos colegas entenderán y deberán afrontar nuestra “nueva normalidad”.
